Dos startups japonesas han captado 8.400 millones de yenes en cuestión de días con propuestas muy distintas, pero ancladas en el mismo reto: el envejecimiento del país. Craif, especializada en detección precoz de cáncer a partir de orina con apoyo de inteligencia artificial, y Hinoki, dedicada a adquirir pymes sin relevo generacional para gestionarlas a largo plazo, ilustran cómo el capital se dirige a problemas estructurales con impacto económico y social.
Craif, fundada en 2018, anunció una Serie D de 5.300 millones de yenes. Analiza microARN presentes en fluidos como la orina y, mediante algoritmos de IA, estima el riesgo de hasta diez tipos de cáncer con su servicio miSignal. El test está presente en más de 2.500 centros en Japón y acumula más de 110.000 usos, con distribución también en farmacias y programas de chequeo corporativo o municipal. La ronda fue liderada por la singapurense Granite Integral y la japonesa Tauns (diagnóstico), con participación de Unreasonable Group (EE UU) y otros. Del total, 4.800 millones fueron ampliación y compraventa de acciones (900 millones en secundario) y 500 millones, deuda; la financiación acumulada asciende a 14.200 millones.
La compañía subraya que su servicio actual no diagnostica, solo evalúa riesgo. En paralelo desarrolla un software como dispositivo médico (SaMD) de apoyo al diagnóstico de cáncer de páncreas, con la meta de solicitar aprobación en Japón en 2026. En un estudio multicéntrico, su modelo basado en microARN urinario logró un AUC de 0,89 para distinguir pacientes y grupos de alto riesgo (n=279), un resultado exploratorio que requiere más validación clínica y aprobación regulatoria.
Con la vista puesta en Estados Unidos, Craif abrió en abril un laboratorio en San Diego. Su consejero delegado se ha trasladado allí y la firma ha incorporado perfiles financieros y médicos con experiencia en el mercado sanitario estadounidense. Los fondos servirán para ampliar I+D y preparar el lanzamiento con un modelo orientado a reembolso por aseguradoras.
En paralelo, Hinoki, creada en marzo, cerró una ampliación de 3.100 millones de yenes con inversores como Dual Bridge Capital, MIT Investment Management Company (MITIMCo) y Kampo NEXT Partners (grupo Japan Post). Sumando deuda, prevé contar con 5.000–10.000 millones de yenes para compras. Su objetivo es adquirir 20 empresas en diez años.
Su modelo, que denomina “sucesión en serie”, consiste en comprar pymes sin heredero, conservar su marca y empleo, evitar la reventa y mejorar la gestión mediante contratación, estandarización de procesos, sistemas y uso de IA. Apunta a compañías con EBITDA anual de 100 a 1.000 millones de yenes en nichos de demanda recurrente: maquinaria e instrumentación, distribuidores de equipos médicos, inspecciones obligatorias (como contra incendios o depuración), fabricación de componentes, mantenimiento y calibración.
El trasfondo explica el apetito inversor: según la consultora crediticia Teikoku Data Bank, el 50,1% de 270.000 empresas japonesas no tenía sucesor designado en 2025 (51,2% en pymes y 57,3% en microempresas). Entre los relevos efectuados ese año, el 36,1% fue promoción interna, el 32,3% familiar y el 20,6% vía fusiones y adquisiciones.
Ambas operaciones señalan un desplazamiento del capital hacia soluciones pragmáticas: detección más temprana para contener el coste sanitario y continuidad empresarial para proteger empleo y cadenas de suministro. Dos vías distintas, un mismo diagnóstico de mercado.



