한국 정부는 수십 년간 한 줄로만 사용해 온 에스컬레이터 좌석을 다시 두 줄로 늘리는 방안을 제안하고 있다.

30년 습관 ‘한 줄 서기 바뀔까…정부 에스컬레이터 두 줄 이용 다시 꺼냈다.png

El gobierno de Corea del Sur volvió a poner sobre la mesa un cambio en la manera de usar las escaleras mecánicas: pasar del hábito extendido de “una fila” a un uso de “dos filas” con los usuarios de pie a ambos lados. El objetivo declarado es reducir accidentes y daños en los equipos, sin imponer de entrada una regla única. Para abrir el debate, las autoridades convocaron una discusión pública con ciudadanía y especialistas centrada en seguridad, patrones reales de uso, mantenimiento y posibles mejoras normativas.

La propuesta busca corregir una práctica arraigada desde hace casi tres décadas, especialmente en estaciones de metro en horas pico: quedarse quieto a un lado y dejar el otro libre para quienes se apresuran caminando. Esa costumbre no surgió por azar. A finales de los años noventa, campañas oficiales y cívicas impulsaron el “una fila” y, hacia 2002, coincidió con su rápida expansión cultural. Sin embargo, el tiempo mostró costos: más incidentes y desgaste desigual de los equipos. En respuesta, en 2007 se promovió el “dos filas”, pero la campaña no cuajó y se suspendió en 2015. Once años después, el tema regresa como prioridad de seguridad pública.

Los argumentos de seguridad son centrales. Entre 2016 y 2025 se registraron 135 accidentes graves en escaleras mecánicas; en 90 de ellos, es decir, el 66,7%, se atribuyó la causa a errores de usuario. Dentro de ese grupo, alrededor del 77,8% fueron caídas, con un impacto notable en personas de 65 años o más. Las autoridades advierten de dos riesgos habituales cuando predomina la “una fila”: perder el equilibrio al hacerse a un lado para ceder el paso a alguien que camina desde atrás y los choques cuando se intenta caminar o correr sobre peldaños en movimiento. Con dos filas y todos de pie, sostienen, se reducirían estas contingencias.

También se señalan efectos técnicos. Estudios de mantenimiento apuntan que, al concentrarse el peso del lado derecho, el desgaste de piezas como ruedas de cadena y guías en ese costado supera en más de 95% al del izquierdo, lo que acorta entre 15% y 20% los ciclos de reparación mayor. Este desbalance, multiplicado por miles de trayectos diarios, supone costos y tiempos de inactividad adicionales.

Aun así, transformar un hábito cotidiano no es simple. En trasbordos y llegadas tarde, muchos usuarios ya interiorizaron la “vía rápida” para caminar en la escalera. Por eso, el gobierno no plantea controles inmediatos ni sanciones, sino construir un consenso social sobre prácticas más seguras. El foro convocado busca ir más allá del dilema “una fila versus dos filas” y explorar opciones que la ciudadanía perciba como razonables y aplicables en la vida diaria.

El debate tiene resonancia más allá de Corea del Sur porque toca un punto común en las grandes ciudades: cómo equilibrar prisa individual, seguridad colectiva y cuidado de la infraestructura. Para comunidades hispanas en Estados Unidos, donde el uso de escaleras mecánicas en sistemas de transporte y centros comerciales es masivo, la discusión es familiar: señalización clara, normas de cortesía y campañas de prevención influyen en la convivencia tanto como las reglas escritas. La experiencia surcoreana ilustra que, cuando una conducta se arraiga por años, cualquier ajuste requiere evidencia, comunicación sostenida y participación pública.

Por ahora, no hay una decisión definitiva. Las autoridades priorizan recopilar experiencias, revisar datos de accidentalidad y mantenimiento, y evaluar cómo se comportan realmente los usuarios. El desenlace del proceso mostrará si la cultura de movilidad en escaleras mecánicas puede reorientarse hacia dos filas con personas de pie en ambos lados, o si será necesario diseñar medidas intermedias que armonicen seguridad y costumbres. En cualquier caso, la discusión pone el foco en una idea compartida en muchas urbes: pequeñas decisiones cotidianas pueden marcar una gran diferencia en la seguridad de todos.

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