Las autoridades de Seúl han desplegado nuevas medidas para frenar la recolección no autorizada de larvas de cigarras en el arroyo Saetgang de Yeouido, un reconocido parque ecológico en pleno centro de la capital. Tras registrarse de forma reiterada capturas masivas en temporadas anteriores, el gobierno metropolitano inició esta semana una campaña preventiva con pancartas de advertencia y mayor vigilancia en el área, con el objetivo de proteger el ecosistema del parque y ordenar su uso público.
Según informó la ciudad el 19 de agosto, los avisos colocados en los accesos y puntos sensibles del Saetgang Ecological Park prohíben expresamente la recolección de insectos sin permiso. Las pancartas evitan referencias a nacionalidades o colectivos específicos y se concentran en recordar la norma: cualquier extracción de flora y fauna en zonas administrativas del río Han —categoría a la que pertenece el parque— puede acarrear sanciones.
La respuesta llega tras una serie de quejas presentadas el año pasado, cuando visitantes denunciaron que varias personas recorrían el parque al anochecer con recipientes grandes o bolsas para capturar repetidamente larvas de cigarras en grandes cantidades. Aunque en lo que va de temporada no se han tramitado reclamos similares, Seúl optó por actuar de forma anticipada, reforzando la orientación en el lugar y los patrullajes, ante el riesgo de que el patrón se repita cuando aumente la presencia de cigarras en verano.
El problema no se limita a la capital. En 2025, en el parque ecológico de Samnak, en Busan, testigos reportaron grupos recogiendo larvas con contenedores de plástico durante las horas de la tarde y la noche, precisamente cuando estos insectos emergen del suelo y ascienden a los árboles para completar su metamorfosis. Ese comportamiento concentrado en lapsos breves multiplica el impacto sobre la población local de la especie.
Aunque las cigarras no figuran como monumento natural ni como especie protegida a nivel legal, eso no habilita su captura libre en un espacio ecológico urbano. El marco normativo de Seúl para la conservación y uso de los parques del río Han establece la protección del entorno natural y la promoción de la biodiversidad como fines principales. En consecuencia, la extracción de animales o plantas sin autorización puede ser sancionada con una multa administrativa, que en el caso de la captura de insectos la ciudad sitúa hasta en 100.000 wones.
El arroyo Saetgang no es un área verde común: se gestiona como corredor biológico en plena urbe, hábitat de múltiples especies y escenario de programas de observación y educación ambiental para niños y familias. La captura repetida y a gran escala de un insecto específico desvirtúa la función del parque e interfiere con sus actividades pedagógicas y de conservación.
La municipalidad adelantó que, ante una infracción, el primer paso será ordenar la interrupción inmediata de la recolección e instruir sobre las normas. Si la conducta persiste o se constata su reiteración, se considerarán medidas administrativas conforme a la ordenanza, incluyendo la imposición de multas.
En los últimos años, el interés por las larvas de cigarras como alimento ha recibido atención pública en distintas regiones de Asia. En Seúl, sin embargo, el enfoque oficial evita atribuir motivaciones concretas a cada caso y se limita a subrayar que, independientemente del propósito, la extracción no autorizada en un parque ecológico está restringida.
El debate de fondo vuelve así a la primera línea: hasta qué punto se debe permitir la recolección de insectos en parques urbanos abiertos a toda la ciudadanía. Para Seúl, la diferencia entre la observación ocasional —o la captura mínima con fines educativos bajo supervisión— y el uso de recipientes para una recolección repetida y voluminosa no es menor. La segunda práctica, argumenta la autoridad, puede alterar el equilibrio del ecosistema local y trastocar la convivencia en espacios públicos compartidos.
La experiencia de Yeouido subraya un reto común a grandes ciudades con parques naturales o áreas de restauración ecológica: conciliar el acceso ciudadano con normas claras que preserven la biodiversidad. En contextos urbanos densos, donde estos espacios cumplen funciones ambientales y sociales clave —desde la regulación térmica y la retención de agua hasta el esparcimiento y la educación—, el cumplimiento de reglas básicas como no extraer especies sin permiso resulta esencial para sostener su valor colectivo en el tiempo.



