La startup japonesa Turing ha cerrado una Serie A de 278.900 millones de yenes para llevar a mercado una IA de conducción autónoma que busca “entender” la carretera de forma similar a un humano. La operación, inusualmente abultada para esta fase en Japón, ha atraído a fabricantes de chips y servidores junto a grandes grupos locales, una señal de que la competencia en vehículos autónomos se desplaza hacia los modelos de IA y la capacidad de cómputo.
Turing comunicó que el 6 de julio sumó 12.620 millones de yenes en una ampliación de la Serie A, de los que 6.820 millones corresponden a capital y 5.800 millones a un préstamo con MUFG Bank. Junto a los 152.700 millones asegurados en noviembre de 2025, el total alcanza 278.900 millones. Entran AMD Ventures, Mitsubishi Corporation, MUFG Bank, la estadounidense Super Micro Computer, DataDirect Networks, GMO Internet, BIPROGY y Tokyo Electron Device.
La empresa centra su desarrollo en el enfoque E2E (end-to-end), en el que un único modelo procesa las imágenes de las cámaras y encadena percepción, decisión y control del vehículo. A diferencia de los sistemas modulares —que separan tareas como detección, planificación y actuadores—, Turing apuesta por entrenar con grandes volúmenes de datos de conducción para que la IA aprenda a decidir sin reglas preprogramadas, una línea que también refuerzan actores globales del sector.
Para dotar de “razonamiento” a la conducción, Turing presentó el dataset RACER, orientado a inferir por qué debe actuarse en cada situación, y la tecnología de visión DriveTiTok. Con su modelo VLA (Vision-Language-Action), que conecta vídeo, comprensión lingüística y acción, la compañía afirma haber logrado en marzo el primer control y conducción en tiempo real en vías públicas de Japón con este enfoque. El desarrollo contó con apoyo del Ministerio de Economía, Comercio e Industria (METI) y de NEDO, la agencia pública japonesa de I+D, dentro del programa GENIAC. Parte de los datos y modelos se han publicado en la plataforma Hugging Face.
La presencia de AMD, Super Micro y DDN refleja la otra cara del reto: entrenar modelos de conducción autónoma exige enormes granjas de GPU, almacenamiento y servidores. Turing prevé destinar una parte sustancial de los fondos a ampliar su infraestructura de cómputo, clave para iterar con más datos reales y acelerar mejoras del modelo.
El respaldo de conglomerados japoneses apunta, además, a un interés industrial por asegurar capacidades propias en la “caja cerebral” del coche, en un mercado donde plataformas de IA de EE UU y China marcan el paso. Turing reivindica como objetivo habilitar la conducción autónoma completa desarrollada en Japón.
Pese al tamaño de la ronda, la empresa no da por resuelto el salto a la autonomía total. Generalizar el sistema a distintos climas y entornos, garantizar redundancias, aclarar responsabilidades y recabar autorizaciones regulatorias siguen pendientes. STARTUP DB situó a Turing entre las grandes financiaciones de julio de 2026, pero la verdadera prueba será cómo conduce su IA ante escenarios inéditos en carretera.



