Estados Unidos ha aprovechado el 57º aniversario del alunizaje del Apolo 11 para reafirmar que liderará la nueva era de exploración tripulada, del regreso a la Luna al salto a Marte. En un mensaje por el Día de la Exploración Espacial, la Casa Blanca enlaza esa ambición con los resultados de Artemisa 2, cerrada en abril, y con una estrategia que aúna industria y defensa.
Difundido el 20 de julio, el texto califica el hito de 1969 como uno de los mayores logros nacionales y promete abrir “una nueva etapa” heredera del programa Apolo. Más allá de la efeméride, perfila prioridades de la política espacial y del tejido industrial estadounidense.
Artemisa 2 despegó el 1 de abril de 2026 desde el Centro Kennedy (Florida) y orbitó la Luna durante unos diez días antes de amerizar el 10 de abril en el Pacífico, cerca de California. Primer viaje tripulado más allá de la órbita baja desde 1972, lo protagonizaron Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch (NASA) y el canadiense Jeremy Hansen.
La misión no incluía alunizaje: sirvió para validar en vuelo el cohete SLS, la nave Orión y los sistemas de soporte vital, navegación y comunicaciones. Ese desempeño es la base técnica para enviar astronautas a la superficie, sostener operaciones en el entorno lunar y, a medio plazo, preparar viajes tripulados a Marte.
El Gobierno de EE UU destaca la aportación del sector privado —lanzadores, módulos de alunizaje y redes de satélites— y el papel de la Fuerza Espacial, rama militar creada para gestionar capacidades de vigilancia, navegación y alerta desde la órbita. La superioridad tecnológica en el espacio se plantea como factor de competitividad y seguridad.
En este marco cobran relevancia los Acuerdos Artemisa, conjunto de principios impulsados por EE UU sobre exploración pacífica y transparente. Corea del Sur, que firmó en 2021 como décimo país, ha explorado colaboraciones en arquitectura de misiones lunares y marcianas, medicina espacial o uso de su antena de espacio profundo. Un cubesat desarrollado en Corea voló a bordo de Artemisa 2.
El avance del programa apunta a una competencia más intensa por recursos y posiciones orbitales, y reabre debates sobre normas globales para el uso de recursos lunares, la gestión del tráfico espacial, la protección de satélites o la mitigación de desechos. No se han identificado conexiones directas con España o la Unión Europea en este anuncio, aunque su evolución tendrá alcance internacional.



